Liderazgo: el último ejemplo presidencial francés

Por Micaela Delfino

Introducción

En primer lugar, como diría Foucault (2006:140), estudiamos la llamada gubernamentabilidad “para abordar el problema del Estado y la población”. Debido a esto, he decidido abordar la problemática del liderazgo en contextos políticos, tomando particularmente el ejemplo del nuevo presidente francés, Emmanuel Macron.

La presencia de líderes en grupos y organizaciones ha asumido distintos rasgos, formas y matices a lo largo de la historia de la humanidad y ha influido decididamente en muchos de los cambios socio-políticos, económicos y culturales de la sociedad a través de los tiempos. Nelson Mandela, Martin Luther King, Mahatma Gandhi, Madre Teresa de Calcuta, son algunos de los líderes comprometidos con causas justas y nobles que influyeron en los destinos de amplios sectores de la sociedad.

En ese contexto, nos preguntamos: ¿Qué rasgos definen al líder? ¿El líder nace o se hace? ¿Qué importancia tienen los liderazgos en los grupos y organizaciones? ¿Cuántos tipos de liderazgo existen? La sociedad actual con profundas transformaciones en la construcción de identidades y subjetividades y con amplia extensión de derechos, ¿requiere otro tipo de liderazgo diferente al tradicional que fue estudiado por los sociólogos del siglo XX?

Estos interrogantes forman parte de la trama de este trabajo que aborda el liderazgo concebido como un rol clave para influir y motivar a los grupos y organizaciones -sean partidos políticos, instituciones educativas, sindicatos, agencias culturales, cooperativas, o empresas- para buscar y generar los cambios e innovaciones que resuelvan los problemas y necesidades emergentes.

Siguiendo esa mirada, la sociología estudia la realidad social desde una perspectiva orientada a comprender las acciones humanas que forman parte de redes de mutua interdependencia con multiplicidad de actores y en donde también se pueden abordar las acciones de líderes dirigidas a organizar y motivar a la diversidad de hombres y mujeres que conforman esas redes para lograr objetivos y metas.

Desde ese lugar, este trabajo indaga sobre el territorio semántico del concepto de liderazgo, los rasgos distintivos del líder, los estilos y tipos de liderazgo y los cambios que devienen en el rol del líder en una sociedad global atravesada por la incertidumbre y la complejidad, con creciente avance de las tecnologías y redes digitales que influye en el desarrollo de comunidades virtuales que trascienden las fronteras espaciales y temporales.

Desarrollo

Ningún líder es perfecto. Los mejores no tratan de serlo: se concentran en perfeccionar sus fortalezas y en encontrar a otros que puedan compensar sus limitaciones.                                                 

Ancona, Malone, Orlikowski y Senge

Hacia un concepto de líder

El término líder aparece en la modernidad como producto del hombre ilustrado y fue utilizado primero en el mundo anglosajón –leader– para luego expandirse a otras lenguas ampliando también su significado. Hoy el estudio y ejercicio del liderazgo resulta de interés general, más allá del espacio social que ocupe, ya sea en organizaciones educativas, deportivas, culturales, empresas y negocios, medios de comunicación o redes sociales.

Por su parte, el Diccionario de Ciencias de la Conducta (1956) define al liderazgo como las “cualidades de personalidad y capacidad que favorecen la guía y el control de otros individuos”.

Gibson, Ivancevich y Donnelly (2001:308), definen el liderazgo como una “interacción entre miembros de un grupo”. Los líderes son agentes de cambio, personas cuyos actos afectan a otras personas más que los propios actos de estas personas. El liderazgo ocurre cuando un miembro del grupo modifica la motivación o las competencias de otros en el grupo. La definición de liderazgo implica que involucra el uso de la influencia y que todas las relaciones interpersonales pueden involucrar liderazgo”.

Podemos afirmar que hay un concepto de liderazgo que remite al pensamiento clásico y que en una formulación moderna de esas ideas se puede definir como “la capacidad de persuadir o dirigir a los hombres que se deriva de cualidades personales independientemente del oficio” (Maclver y Page, 1977), de lo cual se desprende que el liderazgo supone un proceso en el cual un sujeto motiva e induce a otros a lograr objetivos compartidos.

De la lectura de las definiciones anteriores, surge que el concepto de liderazgo es un constructo multidimensional que exige estudiar sus dimensiones cognitivas, conductuales y estratégicas en el marco de distintos enfoques y contextos socio-históricos. También el liderazgo es un valor social en sí que permite organizar y consolidar formas de interacción en grupos y organizaciones que construyen su propia identidad y su propia misión.

Rasgos singulares de los líderes

Las cualidades que distinguen el perfil y el comportamiento del líder son múltiples y remiten a aspectos personales, sociales y culturales que sintonizan con las necesidades y expectativas de los contextos y ámbitos a los cuales pertenecen. En líneas generales, el liderazgo puede basarse en cualidades personales como presencia, valor, simpatía, empatía, habilidades de comunicación y diálogo, sentido de la innovación; el prestigio que otorga la posesión de conocimientos y la sabiduría; la posición social; y la combinación de los aspectos anteriores.

La representación social del líder refiere de modo simultáneo a esos aspectos: una persona que posee cualidades personales impactantes, que ocupa determinada posición social, y que motiva y actúa estratégicamente en los grupos y organizaciones a través de actos que resultan significativos para sus integrantes.

Desde el ámbito de la política, Robert Michels en su obra “Partidos Políticos” (1972) describe las “dotes específicas de los líderes”: talento oratorio, fuerza de voluntad, superioridad de conocimientos, profundidad de convicciones, solidez ideológica, confianza, capacidad de concentración, bondad de ánimo y desinterés (en casos especiales).

También desde una vertiente política, Conway (1915, citado por Bobbio y Matteucci), estudió la relación del líder con sus seguidores y distingue tres tipos de liderazgo:

  • Los líderes que arrastran a la muchedumbre: son capaces de concebir una gran idea, de formar una muchedumbre suficientemente grande para realizarla y de forzar a la muchedumbre a participar en ella.
  • Los líderes intérpretes de la muchedumbre: son hábiles sobre todo “para hacer claramente explícitos los sentimientos o ideas vagas y oscuras de la masa”.
  • Los líderes representantes de la muchedumbre: se limitan a “manifestar solamente la opinión conocida y establecida por la muchedumbre”.

 

Función social del liderazgo

Un buen líder no es un buscador de consensos, sino un moldeador de consensos.

Martin Luther King, Jr.

Desde un enfoque sociológico, el liderazgo supone el ejercicio de poder o influencia en los grupos, organizaciones, naciones, etc., colectivos que tienen fines, metas y objetivos, normativas, estructuras y formas que construyen y mantienen su propia identidad y su misión. En ese escenario, el líder personifica, identifica, define y acompaña las formas, la estructura y las funciones, reforzando y legitimando tanto al grupo en su conjunto como a su propio rol dentro del grupo y, en consecuencia, al sistema social dentro del cual se inscribe la actividad del grupo.

Por su parte, la función social del líder informal o natural consiste en acompañar y consolidar al grupo, incrementando la integración social a su interior. Al establecerse como un líder natural, con el que todos simpatizan y al que siguen espontáneamente, fortalece el sentido del “nosotros” y la cohesión. Las decisiones que toma se convierten naturalmente en decisiones del grupo, y sus miembros se sienten representados por él.

Labourdette y Scaricabarozzi (2010) sostienen que “el liderazgo es fruto de una construcción llevada a cabo por un colectivo que, a su vez, en ese proceso de identificación se reconstruye como tal. Identidad grupal y proyección de líder, objetivos y necesidades constituyen la matriz oculta de un fenómeno socio-individual poco entendido y erróneamente pensado” (en línea).

Al plantear la relación colectivo-líder, estos autores expresan que el líder “es sólo un agente de la construcción social. El quid de la cuestión radica entonces en el arte de construir sociabilidad” (2010). Introducen que el líder no es sólo persona sino principalmente “personaje”, ya que la evidencia radica, entre otras cosas, en que sus seguidores suelen proyectar sobre su persona cualidades imaginarias, a partir de las cuales “el líder elegido pasa a ser entonces un instrumento de identificación y de aceptación de su rol, aunque puede desarrollar las capacidades de su propia personalidad, siempre y cuando éstas no contradigan o desautoricen al personaje construido”. En última instancia, “el liderazgo pone en marcha una fuerza social que opera en todos los niveles, esferas, edades y actividades de la vida humana” (2010, en línea).

 

Tipos de liderazgo

El sociólogo y filósofo alemán Maximilian Weber (1864-1920) elaboró una de las clasificaciones más reconocidas del liderazgo, o “tipos de dominación” según su teoría, en la que distingue:

  • Liderazgo carismático: se sustenta en la personalidad del líder, se lo sigue en virtud de una confianza personal en lo revelado, en lo heroico o en lo excepcional dentro de un determinado ámbito. Entraña una relación de alto contenido emocional entre el líder y los liderados.
  • Liderazgo tradicional: se apoya en la fe cotidiana de las tradiciones. Se valora la rectitud absoluta de la forma tradicional de hacer las cosas. El liderazgo se transmite por mecanismos como la herencia y la estructura de organización es del tipo patriarcal o feudal.
  • Liderazgo racional-legal: también llamado democrático, se destaca por su carácter racional, se apoya en la legalidad de los órdenes establecidos y del derecho, de forma impersonal.

Weber considera que el liderazgo tradicional y el democrático se basan en lo cotidiano y rutinario mientras que el líder carismático en el contexto político asume un carácter excepcional que puede llegar a conducir una nación y marcar para ella nuevos rumbos, cuando cuenta con la aceptación y apoyo de los grupos que la integran.

Los sociólogos estadounidenses Gerth y Wright Mills (1953) distinguen tres categorías de líder:

  • Liderazgo rutinario: no crea (ni reelabora) ni su papel ni el contexto donde se desempeña, cumple un rol dentro de los límites previstos e instituciones existentes.
  • Liderazgo innovador: reelabora radicalmente un papel de guía de una institución existente.
  • Liderazgo precursor: crea tanto su papel como el del contexto donde lo realiza (por ejemplo, el que se convierte en fundador de un grupo, partido, estado, etc.)

Desde el campo de las relaciones internacionales, Joseph Nye (2011) introduce la distinción entre poder duro y poder blando que luego se proyecta en las teorías del liderazgo. En su acepción original, el poder duro posee un carácter coercitivo, ejercido mediante el recurso de la fuerza político-militar y la presión económica, ya sea en forma de amenaza o recompensa. Por su parte, el poder blando surge de la atracción y la persuasión del líder, de un estilo de vida, de un modelo de convivencia. Según Nye (2011), el ejercicio de un liderazgo eficaz requiere combinar adecuadamente ambos tipos de poder, dando lugar al poder inteligente que en cada contexto supone “la capacidad de saber diagnosticar la necesidad (o no) del cambio”. En las sociedades y organizaciones democráticas modernas prevalece el poder blando (soft power) sobre el duro (hard power).

 

Análisis de Emmanuel Macron

Emmanuel Macron se destaca en sus habilidades por ser un alto funcionario en términos de sector público, como así también por ser un especialista en inversión bancaria ya en el campo del sector privado, teniendo en cuenta su corta edad de 39 años. Macron no solamente se desempeñó en la prestigiosa Banca Rothschild durante el año 2008, sino que acabó siendo socio de la misma, lo que le posibilitó llegar al Palacio de Elíseo en calidad de asesor económico del presidente francés François Hollande. Como fruto de su desempeño, posteriormente, en 2014, fue nombrado Ministro de Economía, Recuperación Productiva y Asuntos Digitales. Sin embargo, acabó renunciando a mediados del 2016 para poder dedicarse de lleno a su movimiento político “En Marche!”, el cual había sido lanzado en abril de ese mismo año.

En términos de ideología, su partido se caracteriza por ser parte del liberalismo social, movimiento también conocido como liberalismo progresista o liberalismo democrático, y se ubica en el centro. Una particularidad en cuestiones de roce social y métodos de actuar frente al electorado es sin dudas la forma en que se apoya de manera especial en las redes sociales, contando con la particularidad de aceptar adhesiones de miembros de otros partidos, sin mostrar prácticamente ningún tipo de oposición a quienes desean adherirse al movimiento, siendo si se quiere totalmente liberales en este sentido. Yendo al plano de las políticas internacionales, tanto el partido como propiamente Macron, afirman defender una política migratoria de asilo más humana y eficaz con respecto al resto de los candidatos electorales.

El factor de su desempeño en funciones económicas es un aspecto crucial en términos de atracción del electorado, ya que en tiempos de incertidumbre en el panorama económico mundial teniendo como hechos destacados el Brexit, la aparición de nuevos mercados, la inestabilidad política regional y el surgimiento de nuevas economías potenciales, un candidato que se muestre a sí mismo como un experimentado conocedor de la materia económica resulta en sí un fuerte atractivo electoral. Por otro lado, otros elementos adicionales que explicarían su importante caudal de votos obtenidos en el escrutinio es la construcción de un personaje joven y ambivalente, al no definirse de izquierda o de derecha, lo cual hizo que las masas se sientan atraídas.

Sin embargo, aunque teniendo en cuenta las características interesantes de Macron como candidato, considero que gana la presidencia más por las debilidades de los otros personajes que gracias a sus propias fortalezas. El actual presidente de Francia tiene un gran dominio del público, acercamiento carismático hacia diferentes sectores de la sociedad y un discurso algo popular, aunque pueda plantearse dicotómico en términos de idiosincrasia.

Análisis de la situación francesa

Foucault (2007) nos introduce a un nuevo arte de gobernar caracterizado en esencia por la introducción de numerosos mecanismos internos complejos.

En la primera vuelta, el candidato de centro, Emmanuel Macron, líder del movimiento En Marche! y la representante de extrema derecha, Marine Le Pen, ex presidente del Front National, fueron los que obtuvieron más votos, en el contexto de una participación electoral de un 78.5%.

Castro (2015) nos explica que, para Foucault, “si el hombre durante milenios fue lo que era para Aristóteles, un animal viviente y, además, capaz de una existencia política, el hombre moderno es un animal en cuya política está en juego su propia vida de ser viviente” (Foucault, 1986b:188; 135).

En el ballotage, con el miedo de que se lograsen implementar las medidas de extrema derecha de Marine Le Pen, podemos inferir que el electorado que no se posicionaba tras su figura, optó por votar a la alternativa, estando o no de acuerdo con la ideología de Macron, o directamente votó en blanco. Gracias a los resultados se ha comprobado que Le Pen consiguió el tercer puesto en términos de votos, luego de la elección de Macron en primer lugar y en segunda posición los votos en blanco.

Personalmente, considero que Macron es un líder precursor en términos de Gerth y Wright Mills, a la vez racional-legal en términos weberianos, luego de haber ganado las elecciones, pero también se está perfilando como un líder carismático gracias a su dominio de las redes sociales y las conexiones que pueda generar con su electorado, principalmente quizás, podríamos decir, con los jóvenes.

 

Conclusiones

La innovación es lo que distingue a un líder de los demás.

Steve Jobs

Hemos abordado el liderazgo desde un marco interpretativo que lo destaca como un fenómeno sociocultural que va más allá de los rasgos individuales, aunque éstos existan y lo incluyan, vinculado con una forma particular de poder. El liderazgo tradicional, vertical y autoritario se ha desdibujado y desmoronado en la sociedad actual debido a los intensos y acelerados cambios y transformaciones que implican nuevas subjetividades e identidades, más derechos y oportunidades en sociedades con vocación democrática.

La sociedad “líquida” (Bauman) caracterizada por el cambio constante y la sociedad-red (Castells) sostenida por las tecnologías digitales, cuestionan las certezas y cánones de paradigmas cerrados y rígidos, y sostienen el valor del conocimiento, siempre provisorio e inacabado, que resulta más accesible a la población gracias a los artefactos y dispositivos de la cibercultura. En ese contexto, las nuevas generaciones viven y buscan relaciones sociales informales, horizontales y más directas, lejos de las organizaciones autoritarias y cerradas; comparten intereses, ideas y proyectos colaborativos tanto en su realidad física como en las comunidades virtuales.

Asimismo, la deslocalización de la información que hoy se produce y se expande por el fenómeno planetario de la red Internet, desplaza al líder tradicional que ya no tiene el poder exclusivo de la posesión de la información. Así, los líderes, que pueden surgir tanto en los entornos inmediatos como en los entornos virtuales traspasando fronteras, hoy se destacan por el dominio del “poder blando” que se traduce en las llamadas “competencias blandas”: capacidades y habilidades sociales, de empatía, comunicación, colaboración, motivación, compromiso emocional, creatividad e imaginación.

Desde esa visión, la sociedad actual nos plantea el desafío de construir un nuevo liderazgo de base horizontal y democrática que motive y aliente el crecimiento de los miembros de un grupo, que propicie la creación de comunidades colaborativas en torno a proyectos e intereses compartidos, y que facilite oportunidades, recursos y herramientas, que es justamente lo que el naciente liderazgo de Emmanuel Macron (inspirado un poco, si se quiere, por el del Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau) promete.

 

Referencias bibliográficas

  • Ancona, D., Malone, T., Orlikowski, W. y Senge, P. (2007). Elogio del líder incompleto. Harvard Business Review, Vol. 85, Nº. 2
  • Arendt, H. La condición humana. (2009) Buenos Aires: Editorial Paidós.
  • Bauman, Z. (2006). Vida líquida. Buenos Aires: Paidós.
  • Castells, M. (ed.) (2006). La sociedad red: una visión global. Madrid: Alianza Editorial.
  • Castro, E. (2015). Introducción a Foucault. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.
  • Conway, M. (1915). En Bobbio, N. y Matteucci, N. (1987). Diccionario de política. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.
  • “Elections présidentielles” http://www.elections-presidentielles.com/ . Consultado por última vez: 06/06/2017
  • Foucault, M. (2003). Defender la sociedad. Madrid: Ediciones Akal.
  • Foucault, M. (2006). Seguridad, territorio y población. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
  • Foucault, M. (2007). Nacimiento de la biopolítica. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
  • Gibson, I. y Donelly (2001). Las organizaciones. México: Mc. Graw Hill Interamericana, décima edición.
  • Labourdette, S. y Scaricabarozzi, R. (2010). Hacia un nuevo concepto de liderazgo. Orientación social, vol.10.
  • Michels, R. (1972). Los partidos políticos. Buenos Aires: Amorrortu.
  • Nye, J. (2011). Las cualidades del líder. Barcelona: Paidós.