El Otro – somos tan distintos, e ¿iguales?

Por Micaela Delfino

Hipótesis: El Otro sabe que se lo ve como tal y eso ayuda a seguir alimentando la idea de que realmente es lo extraño y diferente. Es decir, el Otro es consciente de que uno lo ve como diferente y, a su vez, éste lo ve como diferente a uno, lo que alimenta la idea de la disparidad, y la identidad que se define por la alteridad, lo distinto.

Las ciencias sociales utilizan al Otro para comprender el proceso por el cual las sociedades y grupos excluyen a “otros” que no encuentran lugar en una sociedad determinada o que ocupan un lugar subordinado dentro de la misma. Esta noción forma parte de la comprensión de una persona, ya que es el individuo mismo quien asume un rol en relación con “otros” como parte de un proceso de reacción que no debe por qué estar relacionado con la estigmatización o la condena, como podría argumentar Marx, diciendo que la esclavitud en todas sus formas esclaviza y somete tanto al amo como al esclavo, ya que el esclavo sin un amo no sería tal y viceversa, por eso se trata de una relación interdependiente: el reconocimiento del otro conforma la identidad de uno, sino más como lo vería Freud, ya que el Otro es una idea opuesta a la identidad y se refiere a aquello que es ajeno frente a la idea de ser considerado algo.

En la escuela o en el colegio, sea primario o secundario, no se estudia, en la gran mayoría de los casos, la historia de África o su conquista, o la historia y la religión de Oriente. Sin embargo, al ser americanos, estudiamos la historia de América, pero muy frecuentemente, ésta es vista desde la mirada europea: empezando en 1492, cuando se asoma Cristóbal Colón a las islas que hoy se conocen como Bahamas, hablando muy por encima de las enormes riquezas del continente que saquearon y  omitiendo la numerosa matanza de los originarios. Esta es la visión eurocéntrica de la historia que se ha impuesto en la constitución del Estado Moderno; visión que va en contra de lo que considera Kusch: que América estuvo siempre, no solo desde 1492, y no es realmente lo extraño y exótico como la hacen ver, sino que es lo que se opone a lo europeo, ya que lo distinto es lo que se opone porque hay diferentes intereses pero no significa que eso sea extraño. Lo que plantea el autor que debemos hacer es volver a la identidad, que es pensar desde el estar, desde nuestras raíces propias y no desde las europeas.

Para Kant, los amarillos, negros y rojos no pueden aspirar al ideal de la paz perpetua porque solamente pueden ilustrarse quienes tienen la capacidad de ganar autonomía de la razón, y estas razas tienen un impedimento fisiológico que les impide guiarse racionalmente y por eso son tan impulsivos, ya que la naturaleza no los dotó con la misma razón que a los blancos europeos. Sin embargo, según Eze, “uno podría decir que la raza de los negros es completamente lo contrario a la de los americanos: están llenos de afecto y pasión, son muy vivaces, conservadores y vanidosos: Ellos pueden ser educados pero sólo como sirvientes (esclavos), o sea que se permitiesen ser entrenados. Tienen muchas fuerzas motivadoras, son también sensibles, tienen miedo a los golpes y hacen mucho por su sentido del honor”[1]

Para Hegel, el europeo sabe de sí, es objeto de sí mismo; la determinación que él conoce es la libertad y se conoce a sí mismo como libre. En cambio, el oriental, es hombre y por lo tanto, libre en sí, pero a pesar de eso no es libre, porque no tiene conciencia de la libertad: el hombre es solamente en sí libre si él sabe que es su noción, determinación, naturaleza existir como individuo libre.

Para Edward Said, a diferencia de Hegel, el Bildung del pensamiento tiene que ver con la imagen que aparenta ser la Europa ilustrada, y es por eso que no encontramos en los libros a Oriente. La imagen que tenemos del Oriente no es lo que realmente pasa, sino lo que se piensa de él. El autor distingue que el orientalismo es la fuente de lo equívoco, representaciones culturales que fueron fundadas en el pensamiento del Occidente y la percepción del mundo oriental y su religión, ya que la principal característica del Orientalismo es la sutil y persistente presencia del prejuicio eurocéntrico contra las personas árabe-islámicas y su cultura, lo cual está directamente relacionado con las imágenes o representaciones occidentales que dominan las comunicaciones y el discurso en esa parte del mundo.

Ante la Ley, todos somos iguales: está escrito en el artículo 16 de nuestra Constitución Nacional. Sin embargo, sostengo que el otro conoce la imagen que se tiene de él en una cultura diferente, y que siendo insertado en ella, siente como es observado por el Otro que no es él y pone de manifiesto la diferencia que hay entre sus identidades, y es por ello que lo exterior amenaza a la identidad totémica.

[1] Emmanuel Chukwudi Eze, El Color de la Razón: La idea de Raza en la Antropología de Kant, p.225

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